se veia venir

6 02 2009
Se veía venir que tarde o temprano pasaría. Lo habían avisado reiteradamente los apocalípticos de turno, pero nadie les hizo caso. Habían insistido también muchos científicos serios y otros que no lo eran tanto, pero a estos tampoco les escuchó nadie. Todo el mundo era más o menos consciente, pero no se tomó ningún tipo de medida o precaución. Es el progreso, decían muchos, ya se sabe, siempre hay negativistas y apocalípticos, son los mismos que decían que los aviones no volarían, o que el automóvil estaba condenado al fracaso, o que el cine era sólo un simple experimento curioso. La ciencia es infalible y el mundo siempre va hacia adelante detrás de ella.
La soberbia y la estulticia humanas no tienen límite, y la ambición tampoco. Finalmente y tal como se veía venir, sucedió: Un lunes del mes de abril del 2010, la los usuarios de teléfono móvil de todo el mundo se quedaron en fuera de juego. Obnubilados, paseaban arriba y abajo como poseídos, hablando constantemente con un interlocutor imaginario y, a pesar de que se iban quedando sin batería continuaban charlando sin parar. Las imágenes que podían contemplar desde la ventana de mi apartamento en la quinta Avenida en Nueva York eran escalofriantes, casi tanto como la sensación de estupor y susto que me invadía ante la tragedia que estaba contemplando, con la impotencia de no poder intervenir en nada, solo observar estupefacta el inicio del caos. Obviamente, las zonas más afectadas fueron las más desarrolladas, y una vez se empezó a cuantificar la magnitud de la tragedia, y a tener su alcance real, las cifras de afectados en el primer mundo eran escalofriantes. En el segundo (que no se cuál es) y en el tercero, afectaba solo (claro) a los privilegiados. Gobiernos, ejércitos, ayuntamientos, empresas, escuelas, universidades, tiendas, supermercados, etc.
Todo quedó fuera de servicio, el caos era total y muy poca gente del área de poder conservaba el conocimiento. Quién escribe este mensaje, Conxita Bassas, corresponsal de Catalunya Radio en Nueva York, fue una de las pocas personas, no del área de poder, sino de conservar el conocimiento, y, no por méritos propios, al menos, sinó debido a su juventud, porque, una de las hipótesis que se tuvieron más en cuenta a la hora de analizar las causas de la contaminación de la ciudadanía, fue el uso del móvil por un espacio largo de tiempo, (sobre unos diez años, mas o menos) y referido siempre a los de la tercera generación, que fueron los causantes de todo el revuelo. Los pocos reporteros que quedábamos en condiciones, nos reunimos en la sede de las Naciones Unidas, y, a la vista del panorama que allí había, decidimos desplazarse hasta Washington (en coche, ya que los aviones no iban) para ver que quedaba del Gobierno de la Nación. Y de hecho, poca cosa había. Un subsecretario que sordo como una tapia y tres o cuatro senadores republicanos de lo más reaccionario, que no habían estado nunca por el invento. Con nosotros se desplazó el Secretario General de la ONU que tenía alergia a las ondas, y por lo tanto, nunca había usado la herramienta. A todo ello éramos una treintena de supervivientes en condiciones de intentar tomar alguna decisión. Desde allí se intentó contactar con la mayoría de Gobiernos de otros países, con unos resultados muy desiguales. Cuanto más nivel más afectados. El cuadro era caótico, pero dentro del drama, una rendija de luz apareció.
Sorprendentemente, en el Senegal y algunos otros Estados de Centro África, el efecto no se había manifestado, ni siquiera a nivel de clases altas y acomodadas, usuarios habituales y prácticamente únicos del móvil. Allí se reunieron el supervivientes de la Conferencia de países Africanos, con los que estábamos en contacto permanente, pero nadie sabía cuál era la causa que hacía que a ellos no les afectara el efecto 2010 como ya se la había bautizado. Entonces, y después de conseguir encontrar en Boston un piloto jubilado, sordo como una tapia, que nos dijo que estaba en condiciones de pilotar un reactor, a pesar de sus setenta ocho años, (era todo lo que teníamos), nos desplazamos todos en avión hacia Senegal. Urgía encontrar una solución urgente, la gente afectada ni comía ni dormía, sólo caminaban arriba y abajo como poseídos hasta que caían al suelo agotados, y los otros, los no afectados, la única solución que tenían era dedicarse al pillaje de comida y otros actos similares como única posibilidad de sobrevivir a todo el revuelo.
Salimos hacia Senegal con el corazón en un puño, conscientes de que era muy importante encontrar una solución, y cuando antes mejor . Cuando el pillaje empieza a hacer estragos, el caos está asegurado y nadie puede controlar la situación, aunque os tengo que confesar que no íbamos muy cargados de optimismo. Una vez llegados sanos y salvos al aeropuerto de Dakar, ya nos estaban esperando unos enviados de la Conferencia Nacional Africana que nos transportaron hasta el Palacio de Convenciones donde estaban reunidos los mandatarios de la mayoría de países africanos, y de otros que habían llegado a la misma conclusión que nosotros. Allí, y una vez hechas las presentaciones de rigor fuimos directos en el asunto que nos afectaba y preocupaba, pero no sabíamos nada, sólo que allí no sucedía. Después de casi tres horas debatiendo las posibilidades más verosímiles y cuando más estábamos angustiados por no encontrar la solución, irrumpió en la reunión un misionero, dominico para ser más exactos, que pidió permiso para hablar, ya que creía saber los motivos de la no afectación a esa zona del planeta del efecto de las ondas de los móviles. En otras circunstancias no le habrían hecho ni caso, pero tal y como estaba el patio, y viendo que no sacaran ninguna conclusión razonable, por horas y horas que estuvieran divagando, le dejaron hablar, y les puedo asegurar que le escuchamos con mucha atención.
Y eso es lo que nos dijo … “Señores, señoras, permitan disculparse por haberles molestado, pero creo que estoy en condiciones de asegurar cuál es la causa que ha aislado a nuestro País del efecto devastador de las ondas de los móviles. No se oía volar una mosca, todo el mundo estaba pendiente de las palabras del dominico. Continúe – por favor – le apresuró excitado el Presidente de la Conferencia. El dominico volvió a tomar la palabra …
…Verán, aquí en Senegal y en algunos países de los alrededores, debido a su lento desarrollo y a la gran cantidad de tribus de diferentes etnias y religiones que habitan, el medio de transmisión de noticias habitual sigue siendo el tam-tam, como se ha hecho desde tiempos inmemoriales. Y, creo, mejor dicho, creemos el hermano Juan y yo, que algún tipo de distorsión debe generar su sonido monótono y sincopado en las ondas inalámbricas de los móviles, que anula su efecto pernicioso .- continuó – Nosotros, en la comunidad hace ya mucho tiempo que tenemos un GSM3 de última generación para comunicarnos, y no hemos sido afectados, aunque, lo usamos bastante – hizo un gesto ostensivo con las manos — Quien más quien menos tiene familia y, sale mucho más económico llamar, que ir a Europa o América, y a la inversa. Al llegar a este punto, hizo una pausa. – Quizá les parecerá una tontería, pero ante la falta de soluciones que es evidente que no tienen, no costaría nada probarlo. Es todo cuando les quería decir, ahora son ustedes quienes tienen que tomar la decisión. Se produjo un murmullo entre los asistentes al acto, hasta que finalmente el presidente de la Conferencia tomó la palabra .. Le agradecemos muy sinceramente su sugerencia, y tomamos nota, pero déjenos antes de tomar ninguna determinación, analizar cuanto nos ha informado entre todos nosotros, y, por favor, usted no se vaya, por si le pudiéramos necesitar. La Conferencia empezó una encendida discusión sobre las posibilidades que había de seguir el método del Dominico, y finalmente llegaron la conclusión de que, como no había otra alternativa, no costaba nada probarlo. A pesar de que el Secretario General de la ONU quería que empezara primero por el gobierno de Estados Unidos, su propuesta fue rechazada por unanimidad, ya que sería casi imposible saber si haría efecto la solución, pues, la diferencia entre el estado mental anterior de sus dirigentes y el actual sería muy difícil de averiguar, y, entonces, se decidió comenzar por Inglaterra, al menos, estos, aunque también eran anglófilos, parecían un poco más juiciosos. Un vez recogidas unas grabaciones del tam – tam, nos desplazamos hasta Londres, esta vez en un avión Oficial del Senegal, tentar otra vez la suerte con el abuelo de Boston, era ya jugar con fuego.
Un vez llegados a Heatrow, nos dirigimos en un microbús hacia el 10 de Downing Street, pero allí no había ningún miembro del gobierno. El funcionario que abrió la puerta – sordo como una tapia – nos dijo que estaban esparcidos, o dando tumbos por la calle, o en el Parlamento. Hacia allí nos desplazamos. Un ordenanza que no estaba afectado nos acompañó hacia el departamento donde estaba la megafonía, desde allí pasamos el sonido grabado del tam-tam, con los dedos cruzados y pendientes del resultado del experimento. Afortunadamente, este resultó un éxito total, y a medida que los ministros, subsecretarios y parlamentarios en general, escuchaban el ruido monótono y repetitivo del tam-tam, recobraban la normalidad.
Rápidamente se empezó a emitir por todos los medios posibles el sonido en todo el mundo, Radio, Televisión, Internet, etc., Y la gente que poco a poco se iba incorporando a la normalidad, era informada de lo que había pasado y colaboraba instalando altavoces desde las ciudades más importantes a las regiones más remotas. En cuestión de un mes, casi todo el mundo estaba ya curado. El peligro había pasado, ahora venía la tarea de normalizarlo todo, y de analizar los porqués que habían estado a punto de causar una auténtica catástrofe a nivel planetario. Se crearon las correspondientes comisiones y subcomisiones que después de muchas y profundas investigaciones llegaron a la conclusión que la causa eran las ondas de los móviles (gran conclusión) y estos estuvieron rigurosamente prohibidos en todo el mundo, hasta nueva orden.
Del dominico nadie se acordó, y en poco tiempo ya estaba todo olvidado, pero la gente necesitaba los móviles, no sabían vivir sin ellos y demandaban urgentemente que fabricaran ya, y que no fueran peligrosos para los ciudadanos. Era una cuestión de mercado fabricar los mismos, quien lo consiguiera se haría multimillonario, y todas las compañías telefónicas más importantes del mundo, se dedicaron a investigar encarnizadamente para encontrar su solución. Al cabo de un par de años la COMUTEMO, Corporación Mundial de Telefonía Móvil, anunció con gran parafernalia mediática el móvil de la quinta generación, el GSM5, que aseguraban era totalmente inocuo y no presentaba ningún peligro, lo habían experimentado, probado y reprobado y no presentaba ningún signo de interferencia en la mente humana. Obviamente, la gente se lanzaron como locos a comprarlos, después de más de dos años de abstinencia, la tentación era irresistible e incluso muchos que todavía no había tenido nunca, se apuntaron. Al fin y al cabo, me decía socarrón un compañero de la SER, si algo no funciona, ya nos pondrán el tam-tam. Todo estaba pues como al principio y, el espectáculo cotidiano por las calles era la parafernalia de gente charlando constantemente arriba y abajo, con el teléfono colgado de la oreja, pero ahora sin estar obnubilados, o sí? No es necesario que les diga que yo también usé uno, y esta vez la cagada si que fue grande. Estos móviles aparentemente inocuos, atacaban directamente a las neuronas del cerebro y el efecto era rapidísimo, un par de años y la gente se quedaba totalmente enloquecida, y no había tam-tam que lo solucionara. En Senegal y alrededores ya no existía ninguno, la factura por haber dado la solución se había pagado con carreteras, viviendas, polígonos industriales, etc. y el ochenta por ciento de la población tenía su móvil. El otro veinte por ciento estaban en Almería. No había nada que hacer, ahora si que era el fin de todo.
Estoy escribiendo estas líneas, afectada como empiezo a estar ya por el efecto 2015, y lo hago, para que al menos quede constancia de lo que nos ha pasado. Si alguien lo puede llegar a leerlo algún día, que sirva de aviso para no volver a caer en el mismo err or qu e no sal tres, en cara qu e lo dude o .yo……….que ´se……………………………….qertyswiq`SQ
`SQ

…………………….mierda!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!





el apartamento

21 01 2009

Mientras el tren le conducia hasta Blanes, pensaba Alberto que llevaba una temporada en que todo le estaba saliendo bien, después de tres años de borrascosas relaciones había decidido romper con Elena y la verdad es que estaba mucho mejor solo que no todo el santo día junto a ella, peleándose a menudo para nada, no había ninguna mujer actualmente en su vida, pero se decía que una temporada de relajación también le iría bien, a los treinta y pocos años se es aún demasiado joven para comprometre, y convivir con una mujer es muy complicado, al menos para él.

Pensaba en todo esto, en que tenía quince días de vacaciones para disfrutar del sol, la playa y lo que cayera y en el apartamento que había conseguido alquilar a un precio más que razonable tal y como estaban los precios. El Sr. Natas con quien había hablado por teléfono, le había dicho que estaba en las afueras de Blanes, más allá de la Plantera, que quedaba un poco apartado pero a menos de cinco minutos a pie de la playa de los Pinos. Ya le iba bien, en primera línea de mar los precios eran imposibles y por caminar un poquito no le pasaría nada, es bueno hacer ejercicio se decía.
El autobús le dejó en la Plantera, de allí al apartamento había unos cinco minutos a pie, era un edificio de tres plantas, un poco alejado del resto de viviendas de la zona, gris, sin ningún atractivo y bastante dejado. Es un poco deprimente – se dijo mientras se acercaba – pero por el tiempo que estaré, no importa. En llamar al timbre del primer piso, como le había dicho, apareció el Sr. Natas, rumano, de mediana edad, bajito y gordito y de pelo alborotado dejando esto si entrever una excelsa coronilla, repulsivo todo él y con una risa de conejo que ponía de los nervios. Excesivamente amable y servicial como un tendero de antes – se dijo Alberto – pero no tenía que vivir con él, esto y el recuerdo del precio del apartamento hicieron desaparecer rapidamente sus aprensiones.
El Sr. Natas le enseñó el apartamento, era el tercero, había todo lo que podía necesitar, dos habitaciones, comedor, cocina y baño bastante completo. Desde el balcón del comedor se veía el mar, quizás era a
Una vez se hubo quitado de encima al Sr. Natas, se fue a la playa de los pinos. Un cuarto de hora largo fue el tiempo empleado bajo un sol que calentaba lo suficiente, pero el agua estaba fresquita y se rehizo de la calorada. No había demasiada gente, quizás porque eran las seis de la tarde, y mira que se estaba bien allí en la arena dejando vagar la mente y recibiendo la cálida caricia de los rayos de la tarde. Tenía tiempo de sobra, para eso son las vacaciones- se dijo – .
Se fue hasta el pueblo caminando por el Paseo de mar, compró algunas cosas que le faltaban y se quedó a cenar en el mismo paseo. A las once de la noche entrabaen el apartamento. Se puso la tele en su habitación y viendo “Centauros del desierto” se durmió ….

 

Un ruido extraño le despertó, como si se moviera todo el edificio, intentó encender la luz, pero el interruptor no funcionaba, el ruido provenía de la cocina, en el comedor si iba de luz y en encenderla Alberto se sorpendió, la cocina se había encogido, la pared del techo era apenas a un metro del suelo y estaba aplastado los armarios, la cocina y la nevera.
¿Que está pasando? Se pregunó azorado, mientras se daba cuenta que el techo del comedor empezaba a bajar también. No se sorprendió al no poder abrir la puerta de la calle pero si que se asustó, más aún al darse cuenta que la puerta del comedor que daba al balcón, estaba tapiada con ladrillos y todavía se veía el cemento casi fresco. A pesar de darle patadas desesperadamente no consiguió romperlos. El techo del comedor continuaba bajando, y la distancia entre las dos paredes se había acortado.
Alberto comprendió que no comprendía nada pero que le quedaba poco tiempo de vida y moriría sin saber porque, de una manera atroz. Resignado, se quedó en posición fetal en el sofá y estalló desesperadamente a llorar, mientras por todo lo que quedaba de apartamento resonaba siniestra la risa de conejo del Sr.Natas.
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las ardillas

14 01 2009
Jan era un amante de la naturaleza, de siempre, no de ahora porque se hubiera puesto de moda hacerse o ser ecologista, andar y todas estas modas pasajeras que duraban lo que duraban. No! Jan de pequeño ya iba al bosque con su padre, a cazar setas o simplemente a andar, y le gustaba antes y ahora también. Hacía un tiempo que iba con la bicicleta, se llevaba la mochila con el bocadillo, la máquina de fotografiar y el móvil que siempre le hacía coger su mujer por si le pasaba algo.
¿Que quieres que me pase? le contestaba Jan. Si hoy en día el bosque parece la calle mayor del pueblo. Entre los que van a andar, a còrrer, en bicicleta, en moto, quads y algúno que me dejo te pasas la mañana saludando cada dos minutos a alguien. ¡Ay! las mujeres, siempre sufriendo por todo.
Esta mañana de sábado había subido a Matadepera por la carretera y de vuelta volvía cómo solía por el camino del geriátrico, dónde tenían las jaulas de las palomas al lado en un campo que les los habían cedido a los de la sociedad colombòfila. Y de allí cabe los campos de golf (aquellos no que se debían hacer y en vez de uno finalmente fueron dos). Había un lugar dónde le apetecía pararse a almorzar. Ya de bajada después de bordear el campo de golf por un camino que iba zigzagueando, venía una fuerte bajada y después un claro en el bosque, allí se detenia Jan a hacer su ágape. Mientras, aprovechaba para hacer algunas fotografías aprovechando el sol de la mañana que se abría paso entre las ramas de los pinos, lo había retratado multitud de veces aquel paraje, pero las fotos nunca eran iguales. Le gustaba compararlas de vez en cuando en casa y ver las diferencias según la época del año o como entraba la luz. De pronto un ruido le llamó la atención. Una pareja de ardillas delante suyo, a sus pies, vaya, parecían esperar les diera parte de su bocadillo. No creo que les guste el pan a estos roedores – se dijo – y continuó comiendo mientras contemplaba el paisaje. El ruido que había oido antes aumentó, ante si tenía ahora una treintena de ardillas delante suyo.
No le gustó su actitud, no era normal, precisamente las ardillas eran animales asustadizos y huidizos y estos parecían amenazantes. Les tiró los restos de su bocadillo. Tenéd, si quereís el bocadillo aquí lo tenéis – les dijo –
Fueron sus últimas palabras, detrás suyo había muchas más ardillas que de pronto junto con las del delante, todas a la vez saltaron encima de él……

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otro cuento de navidad

14 01 2009
Emohonle era consciente de que su tiempo y el de su compañera estaba llegando a su fin. Afortunadamente había conseguido llegar al planeta azul dónde había depositado sus esperanzas, siguiendo el encargo de Uedle. Su compañera y el bebè dormían plácidamente dentro sus habitáculos. Desconectó el control automático y empezó la maniobra de acercamiento.
La zona escogida era lo suficientemente deshabitada como porque pasara desapercibida su llegada. Pasados un par de minutos deposita suament la nave en medio de un roquedal que disimulará su presencia. Revisa todos los controles y activa el sistema de mantenimiento mientras abre las cápsulas de su compañera y el niño.
- ¿Hemos llegado?, pregunta ella.
- ¡Sí! Hemos llegado bien, ya se ha acabado nuestro viaje, coge al niño y continuaremos con el plan establecido.
Emohonle comprueba la temperatura exterior, así como la densidad del aire, todo responde a la previsión de Ivasle, este planeta es ideal para el niño, y para los que hubieran venido antes, lástima que nadie les quisiera escuchar y ahora estaban desperdigados en millones de partículas por el cosmos. Anodonal, su compañera, coge el bebé y bajan de la nave pisando por primera vez la arenosa y arcillosa tierra. Emohonle echa una ojeada al inhóspito y reseco paisaje.
Más adelante encontraremos más vegetación y agua – se dice -
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No pasa más de un día para que Emohonle se dé cuenta que los efectos de la radiación absorbida comienzan a hacerle efecto a él y a su compañera, el bebé, había sido aislado desde el primer momento y tal y como se habia previsto habia escapado a sus nocivos efectos. Mira de reojo a su compañera que presenta un aspecto macilento, igual o peor que él, insinúa una leve sonrisa y se abrazan. No era nada nuevo su estado, aun cuando según los cálculos de Ivasle habían de haber tardado más en sufrir el resultado terminal de los efectos de la contamina ción. La idea era que el bebé creciera hasta poder valerse por si solo, pero desgraciadamente ya se veía a venir que eso no sería posible.
Dos días más tarde muere Anodonal, al lado de un riachuelo que encontraron y dónde se habían instalado, Emohnle la enterró con las pocas fuerzas que le quedaban y depositó al niño enmedio de unas rocas protegiéndolo con ramas de los depredadores, justo después cae a su lado y expira…
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Al hombre y la mujer que andaban cerca del lugar de los hechos les llamó la atención el llanto insistente de un bebé.
- ¿Lo oyes? exclamó ella.
- Sí! es el llanto de un bebé.
Se acercaron al lugar de dónde venían los llantos, sacaron las ramas que le protegíen y la mujer lo cogió entre sus brazos.
- Lleva un vestido raro, y esta cinta a la cabeza, ¿que debe ser? ¿Quien le ha podido abandonar?
- No le han abandonado – dice el hombre – detrás tuyo hay un hombre vestido como él, esta muerto y debe ser su padre.
- ¿No serán ángeles? Se preguntó la mujer.
- Ni ángeles ni demonios, pero deben haber venido del cielo, recuerda aquel objeto metálico tan grande y raro que vimos caer del cielo anteayer, seguro que llegaron en él.
- Podríamos quedarnos el niño, allí en Belén a dónde vamos nadie nos conoce, diremos que es nuestro hijo y todo el mundo se lo creerá, ya le cambiaré la ropa. ¿Que te parece José?
- Lo que tú digas Maria, pero piensa que este niño no es como los otros, ha venido del cielo, y eso le hace especial.
Maria sonríe con el niño en brazos que ha dejado de llorar.
- Todos los niños lo son de especiales José.
- De acuerdo, nos lo quedaremos – contesta él – si lo abandonamos aquí morirá.
Y la pareja, después de que José tapara el cadáver del hombre con piedras, marcha con el niño en brazos de Maria camino de Belén….
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las barreras

11 01 2009

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PRIMER DÍA
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Cuando hacía casi un cuarto de hora que estaban parados en el paso a nivel sin que pasase ningún tren ni las barreras por lo tanto se levantaran, los que estaban detenidos empezaron a ponerse nerviosos. En el primero de los automóviles, un Ford fiesta, el hombre abrió la puerta, bajó del coche y avanzó unos pasos, miró a derecha e izquierda de la vía a ver si venía el tren, pero las vías se juntaban a ambos lados hasta la línea del horizonte huérfanas de ruedas que las pisaran. La mujer del segundo coche un Mercedes clase A, hizo lo mismo mientras se acercaba al hombre.
- No viene el tren, se debe haber averiado para variar.
- Si, esposible, podríamos atravesar como si fuéramos una ambulancia de urgencias pero en el otro lado està la pareja de mossos d’esquadra y todavía son capaces de multarnos.
Decidida, la mujer le dice al hombre: les iré a preguntar, esto puede ir para largo. Dicho y hecho cruza las vías y se dirige a uno de los mossos. – Buen día, podemos pasar? no viene ningún tren y esto se alarga, debe haber habido alguna avería en el tren o en el sistema de las barreras.
Asèpticament como es preceptivo el mozo le contesta como respuesta:
- Lo siento, pero no pueden pasar, está prohibido y tendrían que saberlo, sólo es para emergencias.
- Y no es una emergencia que a las cinco de la tarde llevamos ya casi media hora parados aquí.
- Dén la vuelta, hasta que no se levanten las barreras se puede pasar.
- Dén la vuelta, dén la vuelta, tendremos que retroceder más de seis kilómetros, hacer diez de circunvalación que va atascada del todo a esta hora. Venga hombre, déjenos pasar, será un momento, a ambos lados de vía se ve hasta lejos si viene algún tren, habrá tiempo de sobra de avisar.
El mosso no se deja impresionar por sus palabras.
- Lo siento señora, no se puede pasar, está prohibido.
La mujer viendo que no había nada a hacer vuelve hacia donde había dejado el hombre y el coche.
- Que? Pregunta éste
- Dice el mosso que no podemos pasar, que está prohibido.
- Sin embargo, le ha dicho que……
- Le he dicho todo lo que se le podía decir, pero no baja del burro, está prohibido y no se puede pasar. Dice que demos la vuelta.
- Sí hombre, y hacer 6 kilómetros de ……
- Eso también se lo he dicho.
- ¿I que tenemos que hacer pues?
- Esperar diez minutos o un poco más y si no pasa ningún tren ni se levantan las barreras no tendremos más remedio que dar media vuelta como ha dicho el mosso.
- ¡Ya! Pero da rabia, yo me espero, ahora ya es cuestión de amor propio, no puede tardar mucho en pasar el tren o levantarse las barreras.
Detrás suyo se habían ido acumulando coches de manera que tampoco podían dar la vuelta a menos que lo hicieran todos ellos. Los que iban llegando hasta que no sabían de que iba, no podían informar a los posteriores y el atasco se iba complicando.
Un señor mayor se acercó acompañado de un chico.
- ¿Saben que pasa? – dirigiéndose al hombre y la mujer
- Pues no, contestaron al mismo tiempo
- Y los mossos – añadió ella –
- Tampoco, pero dicen que no podemos pasar, que está prohibido, que si a caso demos la vuelta.
- Si hombre, y hacer 6 kilómetros…..
- Ya se lo he dicho, pero dicen que que no y es que no.
En estas un enorme estrépito detras suyo les llamó la atención. Un trailer de 25 toneladas que debia venir distraido, había embestido los últimos coches de la cola haciendo la tijera y cerrándoles el paso y por lo tanto cualquier posibilidad de salir de la carretera, que acabava de transformarse en un callejón sin salida.
Afortunadamente como los ocupantes estaban fuera de sus vehículos nadie se había hecho daño, salvo el chófer del camión a quien le estaban diciendo de todo los indignados automovilistas a quienes les había aplastado los coches.
Una mujer mayor que lo contemplaba todo desde el otro lado de la vía les llevó unas cuantas botellas de agua, hacía calor y llevaban ya casi una hora parados bajo el sol veraniego. El conductor del trailer que había conseguido sobrevivir a las iras de los propietarios de los coches que había aplastado se dirigió al hombre, la mujer y el hombre mayor.
- Que cojones está pasando aquí? Preguntó con voz un poco embarullada y desprendiendo un fuerte olor a alcohol.
La mujer secamente le dijo: Que usted ha provocado un accidente porqué sus condiciones no son las más adecuadas para conducir un monstruo tan grande y también que llevamos una hora esperando que pase el tren o levanten las barreras y ni una cosa ni la otra.
- I los mossos?.
- Dicen que no se puede pasar, que demos la vuelta, pero usted ha abortado esta posibilidad, ahora estamos atrapados en esta ratonera entre su camión y las barreras.
- Voy a hablar con ellos dijo el conductor del trailer.
- Vaya, pero perderá el tiempo.
El tiempo y la libertad pues en enfrentarse con los mossos e intentar agredirlos éstos lo redujeron, esposándolo hasta que una dotación le vino a recoger. Eso si, el trailer continuaba atravesado sin que nadie se acercara a retirarlo. La tarde iba cayendo y al atardecer el hombre le comentó a la mujer:- Que hacemos?, nos marchamos y dejamos los coches aquí?
- Sería lo más razonable, le contestó ella, sin embargo, ¿y si levantan las barreras?
- Es verdad, cabe esta posibilidad, pero no podemos pasar la noche al raso.
- Y si hablábamos con los mossos, quizás nos dirán que hacer.
Però los mossos no los podían ayudar, cuando acabase su turno, les sustituiría otra patrulla, quizás ellos les podrían dar la solución. Ellos no podían hacer nada, no estaban autoritzados.
La pareja que sustituyó a los mossos no tenía ninguna solución para ofrecer, solo que no se podía atravesar el paso a nivel: está prohibido.
El hombre intentó hacerles comprender que llevaban ya más de seis horas parados allí y que estaban atrapados, que como mínimo se hicieran cargo en caso de que se levantaran las barreras de retirar sus coches aunque fuera con una grua, pero que no podían pasar la noche allí, al raso. ¿Nada a hacer, una pared, es más receptiva que un agente de la ley y el orden,
- Que hacemos? Preguntó a la mujer y al resto, señor mayor incluido.
- Ir a cenar y a dormir, a ver si mañana tenemos más suerte.

SEGUNDO DÍA
A las ocho de la mañana del dia siguiente, la situación continuaba exactamente igual. Lo más preocupante era que nadie había venido a retirar el camión que tapaba su salida, y las barreras continuaban bajadas exactamente igual que el día anterior. Se habían acercado unos cuantos periodistas y familiares alertados por los usuarios de los automóviles. El señor mayor tuvo la idea de hacer turnos, mientras él iba a casa, su sobrina se quedó a ocupar su lugar por si levantaban las barreras.
El hombre le dijo a la mujer:
- ¿no has avisado a nadie?
- No hay nadie a avisar.
Y ¿ tú?
- Tampoco, soy viudo y vivo solo.
- Vaya! así que somos dos almas solitarias.
- Se ve que si.
Si quieres yo me cuidaré de tu coche y tu del mio.
- Ja,ja,ja. Ella se puso a reir.
- La verdad es que me da igual no haber llegado, no tenía ningún interés en ir a ninguna parte.
-Alguna cita- ¿quizás? – pregunta el hombre.
- Más o menos, ¿que importa?
- Es evidente que a ti no, pero ¿y a el?
¿El? ¿Ya te puedes imaginar para lo que me quería, le conozco lo suficiente.
- ¿Y tú? ¿Tenías prisa para llegar allí donde fueras?
- Pues tampoco, ni siquiera tenía nadie que me esperase.
- Vay, escúchame, porque no vamos a dar una vuelta y charlamos tranquilamente mientras paseamos.
- ¿Y si pasa el tren o levantan las barreras?
- ¡Que se esperen!, ¿no lo estamos haciendo nosotros?.
UN AÑO MÁS TARDE

La pequeña comunidad de esperadores de barreras que no se levantaban estaba de fiesta, gozo y algazara, pués fruto de su unión sentimental, el hombre y la mujer habían tenido un niño. En este espacio de tiempo, habían pasado más cosas: el hombre mayor que entendía un poco de todo, se había hecho un huerto en el parque abandonado al lado de donde estaban y allí había plantado tomates, patatas y lo que correspondiera según el tiempo. El pan se lo hacían en el obrador de una Harinera abandonada no hacía mucho que tenian al lado, y los vecinos e incluso alguna entidad financiera colaboraban también. La nieta del señor mayor se había quedado a vivir con él para que no estuviera solo y así vivían todos en paz y armonía.
Hoy era un día muy especial a parte del nacimiento del niño, un periodista les había avisado de que posiblemente en una semana pasaría el tren y levantarían las barreras, que sabía la noticia de muy buena fuente. De hecho no es que la noticia los alegrase demasiado, ya se habían acostumbrado a vivir allí, pero si pasaba el tren y levantaban las barreras no tendría más remedio que irse cada uno a su casa….

Un año y una semana más tarde.

 

Sobre las once de la mañana, un zumbido que se acercaba les llamó la atención, venía del paso a nivel, concretamente del lado derecho, se acercaron todos poco a poco y, entonces sucedió: majestuoso, impecable y puntual con veintidós años de retraso, pasó el AVE y las barreras se levantaron unos instantes después de que lo hiciera el tren más rápido y al mismo tiempo más lento en toda la historia del mundo mundial.
*
este cuento está dedicado a los sufridos usuarios de cercanias de RENFE.




el ciclo ecológico

11 01 2009

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El descapotable avanzaba a gran velocidad por la carretera estatal A-200 SBD. Daba la sensación que la habían construido solo para el ocupante del automóvil que llevaba un buen puñado de kilómetros sin cruzarse ni avanzar a ningún otro vehículo. La radio informaba que una tormenta se acercaba y así lo certificaban unos gruesos goterones que comenzaron a chocar contra el parabrisas del vehículo. El conductor redujo la velocidad y apretando el botón correspondiente la capota se cerró lentamente. Parece que va en serio – se dijo – ya era hora que las nubes dejaran ir de una vez con un buen aguacero, sobre todo porqué después de tres meses sin caer ni una gota, ya hacia falta y no creo que nadie proteste ahora porqué se ponga a llover. El hombre volvió a acelerar, después de casi tres horas al volante la vejiga comenzaba a importunarle, pero en esta carretera no había una área de servicio ni por casualidad. De acuerdo, que estaba en una de las zonas más despobladas del país, pero eso no era obstáculo para que de vez en cuando los servicios mínimos estuviesen garantizados.
Ya se lo habían avisado antes de salir y por eso llevaba el depósito de gasolina lleno, el abuelo que se lo dijo, fue muy convincente: Joven, hasta llegar a Gran Canyon no hay ni una estación de servicio, y eso quiere decir mas de cuatrocientos kilómetros sin encontrar nada que se mueva, solo conejos, cuervos y buitres. ¡Ah¡ y mejor que no tenga ninguna avería, porqué el móvil no le servirá de nada, las antenas repetidoras son para las zonas civilizadas y donde usted va está dejado de la mano de Dios desde que este creó el mund o quizá antes. Muy poderosas – continuó – deben ser las razones que le llevan a coger este camino, allí, solo van los que huyen o los que buscan algo muy personal, que al fin y al cabo las dos cosas llevan al mismo sitio, usted sabrá lo que se hace, vaya con cuidado.
Mientras pensaba en las palabras del abuelo, el coche continuaba devorando asfalto. Tenia razón el viejo – pensó – Huir o buscar, el hacia las dos cosas, huía del monstruo que había creado y buscaba la libertad que el mismo había contribuido a reducir, pero la decisión estaba ya tomada, había huido y Gran Canyon era uno de los pocos sitios donde estaría de momento a salvo. Un indicador a su derecha le distrajo de sus pensamientos. A diez kilómetros el Gran Steak le ofrecía sus servicios de todo tipo, vaya, una especie de oasis para el automovilista. El abuelo no le había hablado de él, pero parecía que el lugar existía y era idóneo para detenerse, la vejiga apretaba cada vez más y la aguja de la gasolina indicaba un cuarto y poco más de su capacidad. ¡Sí! seria mejor detenerse y de paso aprovecharía para descansar un poco que no le iría nada mal.
La distancia que le separaba del área de servicio transcurrió rápidamente, per al llegar, ¡Oh decepción! El Gran Steak estaba cerrado y por su apariencia ajada y de abandono era más que evidente que llevaba así mucho tiempo. Se acercó a la puerta de la entrada, paró el motor del coche y bajó. Echó una ojeada a su alrededor, el aspecto era de abandono total, los batientes de la puerta habían perdido su posición horizontal y colgaban indolentes sometidos a las oscilaciones que les provocaba el viento, mientras que parte del techo se había derrumbado y de lo que había sido una gasolinera de la Shell tan solo quedaban los restos, el letrero que colgaba también, estaba roto por la mitad y la hierba lo había invadido todo. ¡Sí! Era evidente que el Gran Steak hacia mucho tiempo que había cerrado sus puertas y abandonado su actividad, aspecto que tampoco es que sorprendiera mucho al hombre, dada la nula actividad que se detectaba en la zona. De hecho, lo que seria curioso seria saber quien fue el osado que decidió instalarse en aquél lugar, a no ser que en otra época el trafico fuera mas fluido.En fin – se dijo – ya que he llegado hasta aquí, lo mejor que puedo hacer es satisfacer la necesidad mas urgente que es la de orinar.
Registró minuciosamente la zona que ocupaba en un radio de tres o cuatro metros cuadrados. En el primer resultado del examen ocular no percibió ningún detector ecológico, a pesar de ellos decidió realizar una segunda inspección más a fondo, no quería problemas, pero el resultado fue el mismo. Además el que era el padre del invento no tenia constancia de su colocación en zonas deshabitadas. Maldito invento – se dijo – en mala hora decidí aceptar la responsabilidad de crear un monstruo como este, y encima uno de ellos se llevó a mi mujer, por eso estoy aquí ahora huyendo de todo este disparate, obsesionado buscando detectores donde seguro que no hay. Acabada de manera definitiva la revisión de la zona, se bajo la cremallera del pantalón y empezó a mear.
Que descanso – se dijo – ya no podía más. De pronto un zumbido a su izquierda le alertó. Sabia que era este maldito zumbido y se quedó totalmente quieto, era cuestión de no ponerse nervioso y no le pasaría nada grave, si no perdía la calma, todo iría bien. Ella la perdió y por eso la máquina actuó, maldito engendro, parecía imposible que en un lugar tan aislado como este lo hubiesen instalando, a no ser que…. Echó una ojeada a su alrededor pero no por el suelo como antes y entonces vio el indicador que le avisaba que estaba en el estado de Arkansas. ¡Mierda! Se dijo ya he traspasado el Estado, se había preocupado tanto de registrar el suelo que había omitido lo mas elemental, dar una ojeada al entorno, y eso quería decir que estaba dentro de un Estadio Ecológico protegido en su totalidad, por lo tanto la instalación de detectores era obligatoria desde hacia un año, normativa a la que el se había opuesto desde el primer momento, pues era consciente del peligro que representaba. Se habían producido demasiados casos de errores como en el caso de su compañera, pero ellos no le hicieron caso: “la preservación ecológica es lo primero” – dijeron – y por eso y por otras cosas es por lo que había dejado su trabajo y ahora en este lugar remoto el maldito detector le había localizado. No había conseguido encontrarlo, debía ser de una nueva generación.El zumbido provenía de un pequeño periscopio que había emergido debajo de unos matorrales, estaba `perfectamente camuflado.
En la parte superior del cilindro de unos 30 cms. de altura había un pequeño cañón de rayos láser y de alguna parte del mismo surgió una voz metálica que en un tono monocorde lanzó un mensaje muy poco tranquilizador:
BUENAS TARDES, ESTE ES UN PRIMER AVISO PARA EL INFRACTOR. ESTÁ CONTAMINANDO UNA ZONA ECOLÓGICA PROTEGIDA, DEJE DE HACERLO INMEDIATAMENTE O SERÁ DEBIDAMENTE SANCIONADO DE ACUERDO CON LA LEY 1223 PARÁGRAFO 12 DEL VIGENTE REGLAMENTO INTERTERRITORIAL DEL ESTADO DE ARKANSAS.
El hombre recogió su pene con mucho cuidado, sudaba, la mano le temblaba y entonces…., entonces pasó lo que más temía, lo que no tenia que haber sucedido jamás, la última gota, la maldita última gota se escurrió, la vio bajar como si lo hiciera a cámara lenta, para él, tardó una eternidad en llegar al suelo, pero lo hizo y entonces se oyó un ligerísimo “plop” al caer dentro del pequeño charco que había formado su propia orina.Transcurrieron tan solo unos segundos que se le hicieron eternos hasta que el artefacto lanzó su segundo mensaje.
SEGUNDO Y ÚLTIMO AVISO, A PESAR DE LA ANTERIOR ADVERTENCIA SE HA CONTINUADO CONTAMINANDO LA ZONA PROTEGIDA, PROCEDO PUÉS A SANCIONAR DE ACUERDO CON LA INSTRUCCIÓN 1234. PROCESO ACTIVADO.
El hombre estaba agarrotado, intentó moverse, salir corriendo, pero ya era tarde, estaba enfocado y localizado, el cañón láser disparó a su cabeza que voló en mil pedazos. Ya estaba muerto al caer al suelo mientras el aparato emitía su tercer y último mensaje.
LAMENTO EL HECHO DE HABER TENIDO QUE SANCIONARLE, SI DESEA PRESENTAR ALGUNA RECLAMACIÓN LLAME AL 00110.12 DEL DEPARTAMENTO DE CONTROL ECOLÓGICO DEL CONDADO. BUENAS TARDES.
El artefacto volvió a recogerse dentro de su guarida, esperando a que llegara la siguiente víctima de la burocracia ecológica informatizada. Un cuervo graznó desde el techo del Gran Steak y los buitres comenzaron a planear por encima de su cena. La tarde caía lentamente sobre la árida tierra de Arkansas y como si de un largo “travelling” se tratara, el Gran Steak se iba empequeñeciendo con el cuerpo en el suelo de nuestro hombre al lado de su vehículo. Mientras las sombras del atardecer confundían las imágenes en una sola media luz y los buitres cada vez más cerca olían ya a su presa.El ciclo ecológico estaba a punto de cerrarse.
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el mensaje

11 01 2009

Se pregunta quién puede ser, que cada sábado de madrugada le deja un mensaje dentro de un sobre por debajo de su puerta. Sabe que es de madrugada porque ella va tarde a dormir, y a partir del primero que recibió, vigila antes de recogerse. No hay nada, pero al día siguiente por la mañana se lo encuentra. Y no es precisamente un mensaje de amor. Bien, de amor si, pero decirte: “no abras los ojos si es posible y acariciate con tus manos tan bonitas, lo he soñado tantas veces, me gustaría verlo, verlas sobre tu piel, así, y yo estaría aquí, nadie nos vería y yo estaría aquí, acariciando tu sexo, poco a poco, querida “es, dicho corto y raso un mensaje de alto voltaje erótico.
Lo que más intriga Alba, es quien puede ser su anónimo enamorado, pues en la escalera donde vive, no hay ninguno de sus vecinos que dé el tipo, que encaje con el contenido de las misivas. En el bloque, de tres pisos con dos en cada rellano, habitan dos matrimonios mayores, en el primero A y el primer B, jubilados y con no demasiado salud. Éstos ya los puede descartar de entrada. En eñ segundo, ella en el A y el B está desocupado hace más de un año. Queda el tercero, en la A, el Señor Geroni, un pre-jubilado entrañable, de pelo y bigote blancos como la nieve. No! él tampoco, se dice, no parece el tipo de persona que haría algo así. Y ya sólo le queda el vecino del tercero B, hacía poco se había trasladado un joven estudiante de económicas. `podria tener sentido, pero tampoco podía ser, era muy joven y Alba roza justo la cuarentena, Oh! a ver si voy a ser unos misses Robinson – se dice – convencida de que el estudiante de económicas era el único con posibilidades de ser su anónimo y erótico enamorado. Pero no puede hacer nada, sólo esperar, tarde o temprano el mensaje semanal le dará alguna pista, hay que esperar que pase el tiempo … “Siento mi cuerpo sobre el tuyo, tú me dejas hacer, pero me coges fuerte con tus brazos, sigo escarbando dentro de ti, tus labios buscan los míos y nuestras lenguas hablan de amor y deseo, bajas las manos y me coges porlas nalgas, hasta casi hacerme daño y me siento aún más dentro de ti, como si fuésemos un solo cuerpo, encendidos de pasión y deseo “Y así semana tras semana, sin dar ninguna pista, ninguna señal.
Alba está ya más que intrigada, no sabe muy bien que hacer y finalmente decide quedarse de guardia el fin de semana siguiente, a ver si de una vez puede averiguar quién es el autor de las misivas. *
Casi se ha dormido cuando alrededor de las cuatro de la madrugada un sobre se desliza por debajo de su puerta, la abre de inmediato, pero sólo acierta a ver unas piernas que huyen escaleras arriba seguido de una puerta que se cierra, sin tener Alba la seguridad de cuál de las dos es. Decidida, sube provista sólo de su albornoz y viendo luz bajo la puerta del estudiante, llama al timbre. Le abre el chico cubierto sólo por una toalla …
- ¿Quién es? pregunta una voz femenina desde el fondo de la casa.
- ¡Ay perdón! exclama Alba, es que alguien ha intentado entrar a robar en casa y me he puesto muy nerviosa, ya está, cualquiera que sea ha marchado corriendo escaleras abajo, no creo que vuelva. Perdonad y buenas noches. El chico cierra la puerta con cara extrañada y Alba se encuentra en el rellano avergonzada de si misma y sin saber que hacer.

La puerta del tercero A se abre y aparece el Sr. Geroni. Sonríe amablemente como siempre.Que le pasa? la veo muy trasornada. Quiere tomar un café o una copita, le irá bien, no he podido evitar oír la conversación sobre el intento de robo, y. … Alba sonríe. Sí, gracias, una copa me irà bién. El hombre se aparta y ella entra dentro de la casa, mientras se sienta en el sofá el trae una botella de Cognac y un par de copas. Se sienta a su lado mientras las llena.

- ¿Así que la han querido robar?
Alba decide contarle toda la verdad, bajando la vista, mientras el coñac lentamente llena de calor su cuerpo, le habla de los mensajes semanales y como hoy se ha quedado vigilando toda la noche.
- ¿Has leído el mensaje de hoy?
- No! responde ella sorprendida. Làstima, dice él, era el más bonito de todos, dice así: “Me gusta mirarte, te he mirado durante este tiempo, y aunque no lo sabías, yo te sentía como si fueras mia , si me quieres hacer este favor, sube ahora mismo el tercero A, aunque sólo sea para una sola noche, creo no pido mucho, sube, y simplemente cierra los ojos y déja que te acarie y, por noche, por una sola noche, seas de verdad mía.
Alba levanta los ojos y le mira, se acerca a él y abrazándolo le besa en los labios. Se lo ha ganado Sr.. Geroni, a mí también me gusta Alessandro Baricco. Tendrá su noche – le dice – mientras el albornoz se desliza lentamente hasta llegar al suelo …

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