Se veía venir que tarde o temprano pasaría. Lo habían avisado reiteradamente los apocalípticos de turno, pero nadie les hizo caso. Habían insistido también muchos científicos serios y otros que no lo eran tanto, pero a estos tampoco les escuchó nadie. Todo el mundo era más o menos consciente, pero no se tomó ningún tipo de medida o precaución. Es el progreso, decían muchos, ya se sabe, siempre hay negativistas y apocalípticos, son los mismos que decían que los aviones no volarían, o que el automóvil estaba condenado al fracaso, o que el cine era sólo un simple experimento curioso. La ciencia es infalible y el mundo siempre va hacia adelante detrás de ella.La soberbia y la estulticia humanas no tienen límite, y la ambición tampoco. Finalmente y tal como se veía venir, sucedió: Un lunes del mes de abril del 2010, la los usuarios de teléfono móvil de todo el mundo se quedaron en fuera de juego. Obnubilados, paseaban arriba y abajo como poseídos, hablando constantemente con un interlocutor imaginario y, a pesar de que se iban quedando sin batería continuaban charlando sin parar. Las imágenes que podían contemplar desde la ventana de mi apartamento en la quinta Avenida en Nueva York eran escalofriantes, casi tanto como la sensación de estupor y susto que me invadía ante la tragedia que estaba contemplando, con la impotencia de no poder intervenir en nada, solo observar estupefacta el inicio del caos. Obviamente, las zonas más afectadas fueron las más desarrolladas, y una vez se empezó a cuantificar la magnitud de la tragedia, y a tener su alcance real, las cifras de afectados en el primer mundo eran escalofriantes. En el segundo (que no se cuál es) y en el tercero, afectaba solo (claro) a los privilegiados. Gobiernos, ejércitos, ayuntamientos, empresas, escuelas, universidades, tiendas, supermercados, etc.
Todo quedó fuera de servicio, el caos era total y muy poca gente del área de poder conservaba el conocimiento. Quién escribe este mensaje, Conxita Bassas, corresponsal de Catalunya Radio en Nueva York, fue una de las pocas personas, no del área de poder, sino de conservar el conocimiento, y, no por méritos propios, al menos, sinó debido a su juventud, porque, una de las hipótesis que se tuvieron más en cuenta a la hora de analizar las causas de la contaminación de la ciudadanía, fue el uso del móvil por un espacio largo de tiempo, (sobre unos diez años, mas o menos) y referido siempre a los de la tercera generación, que fueron los causantes de todo el revuelo. Los pocos reporteros que quedábamos en condiciones, nos reunimos en la sede de las Naciones Unidas, y, a la vista del panorama que allí había, decidimos desplazarse hasta Washington (en coche, ya que los aviones no iban) para ver que quedaba del Gobierno de la Nación. Y de hecho, poca cosa había. Un subsecretario que sordo como una tapia y tres o cuatro senadores republicanos de lo más reaccionario, que no habían estado nunca por el invento. Con nosotros se desplazó el Secretario General de la ONU que tenía alergia a las ondas, y por lo tanto, nunca había usado la herramienta. A todo ello éramos una treintena de supervivientes en condiciones de intentar tomar alguna decisión. Desde allí se intentó contactar con la mayoría de Gobiernos de otros países, con unos resultados muy desiguales. Cuanto más nivel más afectados. El cuadro era caótico, pero dentro del drama, una rendija de luz apareció.
Salimos hacia Senegal con el corazón en un puño, conscientes de que era muy importante encontrar una solución, y cuando antes mejor . Cuando el pillaje empieza a hacer estragos, el caos está asegurado y nadie puede controlar la situación, aunque os tengo que confesar que no íbamos muy cargados de optimismo. Una vez llegados sanos y salvos al aeropuerto de Dakar, ya nos estaban esperando unos enviados de la Conferencia Nacional Africana que nos transportaron hasta el Palacio de Convenciones donde estaban reunidos los mandatarios de la mayoría de países africanos, y de otros que habían llegado a la misma conclusión que nosotros. Allí, y una vez hechas las presentaciones de rigor fuimos directos en el asunto que nos afectaba y preocupaba, pero no sabíamos nada, sólo que allí no sucedía. Después de casi tres horas debatiendo las posibilidades más verosímiles y cuando más estábamos angustiados por no encontrar la solución, irrumpió en la reunión un misionero, dominico para ser más exactos, que pidió permiso para hablar, ya que creía saber los motivos de la no afectación a esa zona del planeta del efecto de las ondas de los móviles. En otras circunstancias no le habrían hecho ni caso, pero tal y como estaba el patio, y viendo que no sacaran ninguna conclusión razonable, por horas y horas que estuvieran divagando, le dejaron hablar, y les puedo asegurar que le escuchamos con mucha atención.
Y eso es lo que nos dijo … “Señores, señoras, permitan disculparse por haberles molestado, pero creo que estoy en condiciones de asegurar cuál es la causa que ha aislado a nuestro País del efecto devastador de las ondas de los móviles. No se oía volar una mosca, todo el mundo estaba pendiente de las palabras del dominico. Continúe – por favor – le apresuró excitado el Presidente de la Conferencia. El dominico volvió a tomar la palabra …
Rápidamente se empezó a emitir por todos los medios posibles el sonido en todo el mundo, Radio, Televisión, Internet, etc., Y la gente que poco a poco se iba incorporando a la normalidad, era informada de lo que había pasado y colaboraba instalando altavoces desde las ciudades más importantes a las regiones más remotas. En cuestión de un mes, casi todo el mundo estaba ya curado. El peligro había pasado, ahora venía la tarea de normalizarlo todo, y de analizar los porqués que habían estado a punto de causar una auténtica catástrofe a nivel planetario. Se crearon las correspondientes comisiones y subcomisiones que después de muchas y profundas investigaciones llegaron a la conclusión que la causa eran las ondas de los móviles (gran conclusión) y estos estuvieron rigurosamente prohibidos en todo el mundo, hasta nueva orden.
Del dominico nadie se acordó, y en poco tiempo ya estaba todo olvidado, pero la gente necesitaba los móviles, no sabían vivir sin ellos y demandaban urgentemente que fabricaran ya, y que no fueran peligrosos para los ciudadanos. Era una cuestión de mercado fabricar los mismos, quien lo consiguiera se haría multimillonario, y todas las compañías telefónicas más importantes del mundo, se dedicaron a investigar encarnizadamente para encontrar su solución. Al cabo de un par de años la COMUTEMO, Corporación Mundial de Telefonía Móvil, anunció con gran parafernalia mediática el móvil de la quinta generación, el GSM5, que aseguraban era totalmente inocuo y no presentaba ningún peligro, lo habían experimentado, probado y reprobado y no presentaba ningún signo de interferencia en la mente humana. Obviamente, la gente se lanzaron como locos a comprarlos, después de más de dos años de abstinencia, la tentación era irresistible e incluso muchos que todavía no había tenido nunca, se apuntaron. Al fin y al cabo, me decía socarrón un compañero de la SER, si algo no funciona, ya nos pondrán el tam-tam. Todo estaba pues como al principio y, el espectáculo cotidiano por las calles era la parafernalia de gente charlando constantemente arriba y abajo, con el teléfono colgado de la oreja, pero ahora sin estar obnubilados, o sí? No es necesario que les diga que yo también usé uno, y esta vez la cagada si que fue grande. Estos móviles aparentemente inocuos, atacaban directamente a las neuronas del cerebro y el efecto era rapidísimo, un par de años y la gente se quedaba totalmente enloquecida, y no había tam-tam que lo solucionara. En Senegal y alrededores ya no existía ninguno, la factura por haber dado la solución se había pagado con carreteras, viviendas, polígonos industriales, etc. y el ochenta por ciento de la población tenía su móvil. El otro veinte por ciento estaban en Almería. No había nada que hacer, ahora si que era el fin de todo.
Estoy escribiendo estas líneas, afectada como empiezo a estar ya por el efecto 2015, y lo hago, para que al menos quede constancia de lo que nos ha pasado. Si alguien lo puede llegar a leerlo algún día, que sirva de aviso para no volver a caer en el mismo err or qu e no sal tres, en cara qu e lo dude o .yo……….que ´se……………………………….qertyswiq`SQ
`SQ
…………………….mierda!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!






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