las ardillas

14 01 2009
Jan era un amante de la naturaleza, de siempre, no de ahora porque se hubiera puesto de moda hacerse o ser ecologista, andar y todas estas modas pasajeras que duraban lo que duraban. No! Jan de pequeño ya iba al bosque con su padre, a cazar setas o simplemente a andar, y le gustaba antes y ahora también. Hacía un tiempo que iba con la bicicleta, se llevaba la mochila con el bocadillo, la máquina de fotografiar y el móvil que siempre le hacía coger su mujer por si le pasaba algo.
¿Que quieres que me pase? le contestaba Jan. Si hoy en día el bosque parece la calle mayor del pueblo. Entre los que van a andar, a còrrer, en bicicleta, en moto, quads y algúno que me dejo te pasas la mañana saludando cada dos minutos a alguien. ¡Ay! las mujeres, siempre sufriendo por todo.
Esta mañana de sábado había subido a Matadepera por la carretera y de vuelta volvía cómo solía por el camino del geriátrico, dónde tenían las jaulas de las palomas al lado en un campo que les los habían cedido a los de la sociedad colombòfila. Y de allí cabe los campos de golf (aquellos no que se debían hacer y en vez de uno finalmente fueron dos). Había un lugar dónde le apetecía pararse a almorzar. Ya de bajada después de bordear el campo de golf por un camino que iba zigzagueando, venía una fuerte bajada y después un claro en el bosque, allí se detenia Jan a hacer su ágape. Mientras, aprovechaba para hacer algunas fotografías aprovechando el sol de la mañana que se abría paso entre las ramas de los pinos, lo había retratado multitud de veces aquel paraje, pero las fotos nunca eran iguales. Le gustaba compararlas de vez en cuando en casa y ver las diferencias según la época del año o como entraba la luz. De pronto un ruido le llamó la atención. Una pareja de ardillas delante suyo, a sus pies, vaya, parecían esperar les diera parte de su bocadillo. No creo que les guste el pan a estos roedores – se dijo – y continuó comiendo mientras contemplaba el paisaje. El ruido que había oido antes aumentó, ante si tenía ahora una treintena de ardillas delante suyo.
No le gustó su actitud, no era normal, precisamente las ardillas eran animales asustadizos y huidizos y estos parecían amenazantes. Les tiró los restos de su bocadillo. Tenéd, si quereís el bocadillo aquí lo tenéis – les dijo –
Fueron sus últimas palabras, detrás suyo había muchas más ardillas que de pronto junto con las del delante, todas a la vez saltaron encima de él……

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